El fantasma de Canterville - Oscar Wilde

De la mano de un fantasma que al parecer ha perdido sus poderes, Oscar Wilde construye una comedia que refleja el dolor y la desesperanza de quien ya no es quien fue. Charly Garcia le puso música a esta historia que ha trascendido los años


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“El fantasma de Canterville”, uno de los más conocidos y recordados clásicos de la literatura proveniente del Reino Unido, fue escrito por el fascinante (tanto desde lo autoral como desde su personalidad) Oscar Wilde en 1883. Es esta historia se narran las vicisitudes de un fantasma que vive desde hace casi cinco siglos (tres al momento en que Wilde le da vida, más exactamente desde el 1584) en su castillo luego de haber asesinado a su esposa, y se ha ocupado de asustar a todos aquellos que han tenido el tupé y la valentía de vivir ahí.

Pero un día llega a su hogar una familia norteamericana, los Otis, quienes están fascinados y entusiasmados con la idea de que un fantasma comparta con ellos la vivienda. A su llegada al castillo tienen un diálogo de lo más esclarecedor con Mrs. Umney, el ama de llaves, y lo que en ese momento ocurre será el motivo por el cuál Sir Simon de Canterville -el fantasma en cuestión- volverá a pasearse por los pasillos de la mansión: .

“De pronto, la mirada de la señora Otis cayó sobre una mancha de un rojo oscuro que había sobre el piso, precisamente al lado de la chimenea, y, sin darse cuenta de sus palabras, dijo a la señora Umney:
-Creo que han vertido algo en ese sitio.
-Sí, señora -contestó la señora Umney en voz baja-. En ese lugar se ha vertido sangre.
-¡Qué horror! -exclamó la señora Otis-. No quiero manchas de sangre en un salón. Es preciso quitar eso inmediatamente.
La vieja sonrió y con voz misteriosa repuso: -Es sangre de lady Leonor de Canterville, que fue muerta en ese mismo sitio por su propio marido, Sir Simon de Canterville, en 1565. Sir Simon la sobrevivió nueve años, desapareciendo de repente en circunstancias misteriosísimas. Su cuerpo no se encontró nunca, pero su alma culpable sigue embrujando la casa. La mancha de sangre ha sido muy admirada por los turistas y otras personas y no puede quitarse.
-Todo eso son tonterías --exclamó Washington Otis-. El producto quitamanchas, el limpiador incomparable marca Pinkerton, hará desaparecer eso en un instante. Y sin dar tiempo a que el ama de gobierno, aterrada, pudiese intervenir, ya se había arrodillado y frotaba rápidamente el entarimado con una barrita de una sustancia parecida al cosmético negro”.

En ese momento el hijo mayor del matrimonio borra la mancha con un producto de limpieza traído de su país y da inicio a la historia.

La familia se encontrará a partir de ese instante numerosas veces con el fantasma, pero nunca se asustarán, incluso le jugarán bromas, le tirarán almohadas, le darán aceite para que sus cadenas no hagan ruido y mil menosprecios más. Esto generará frustración y tristeza en Sir Canterville, lo que hará que ruegue a Virginia Otis (la única hija mujer) que lo ayude ya que ha comenzado a tenerle miedo a la familia.

No sólo en el Reino Unido el alma en pena del aristócrata Canterville causará sensación y empatía. Charly Garcia escribió “El fantasma de Canterville” para que la tocara y cantara León Gieco, un poco con culpa por no haber aceptado cantar “La rata Laly” que Gieco había escrito para Charly, por miedo a que lo metieran preso. Era el año 1975 y la triple A se ocupaba especialmente de los libros y las canciones: nada que hiciera referencia a la izquierda, los derechos humanos, la noche, las drogas sobrevivía a la brutal censura de la Alianza Anticomunista Argentina liderada por López Rega.

León Gieco aceptó enseguida cantarla y le cambió el título a su tercer disco que estaba produciendo en ese momento poniéndole el de la canción. “El fantasma de Canterville” sufrió -por supuesto- cortes y exigencias de cambios en sus letras para poder grabarse y salir a la luz. Charly cuenta en una entrevista con la revista Rolling Stone en 2002 que escribió esta canción una siesta en la casa de María Rosa Yorio viendo una película -malísima, según sus propias palabras- basada en la obra de Wilde: “El cuento me había impresionado mucho cuando lo leí de chico en una historieta, súper bien dibujado. Transmitía muy bien la idea: un pobre fantasma, que había asustado durante toda la eternidad a la gente y ya no le daban bola. Uní esa idea con lo que estaba pasando en aquel momento. Una de las técnicas para que no te ocurriera nada (habla de los tiempos de la Triple A y luego la dictadura militar) era pasar inadvertido, hacerte el boludo, por eso dice ‘Paso a través de la gente como el fantasma...’”

Los paralelismos entre el personaje de la canción y el del relato pueden verse con claridad al adentrarse en ambos registros. La soledad que los acompaña, el no poder adecuarse a una sociedad que no los comprende y los expulsa, la vida y la muerte que logran dar sentido a la existencia de cada uno.

La juventud y la vejez, lo bello como sinónimo de bondad y lo feo como lo malo, son algunos conceptos que obsesionaban a Oscar Wilde, y fueron volcados tanto en esta obra como en “El retrato de Dorian Gray”, el joven que no envejecía sino a través de una pintura de su rostro. En sus textos podemos encontrar también retazos de su propia vida y sus sentimientos, algunos hechos y circunstancias que Wilde sufrió en vida, como el desprecio, el escarnio público y la cárcel por ser homosexual, el olvido de quienes decían ser sus amigos. Oscar Wilde murió en París, el 30 de noviembre de 1900, con apenas 46 años, con una salud deteriorada por los maltratos sufridos en la cárcel y por el dolor del abandono de quien fuera el gran amor de su vida (y quien fue la causa de su encierro) Alfred Douglas. Además de “El fantasma de Canterville”, que puede ser inscripta dentro de las comedias de Wilde al igual que la obra de teatro “La importancia de llamarse Ernesto” (un juego de palabras en inglés), y “El retrato de Dorian Gray”, su obra cumbre, uno como lector no puede pasar por alto “De profundis”, un tratado de amor en forma de carta que Wilde escribe en la cárcel para Douglas.

Y en esta revisita al clásico de Wilde y aquellas obras que fueron inspiradas por el autor y su obra, no podemos dejar afuera las adaptaciones para el cine. En 1944 Jules Dassin (quien ya había adaptado para el cine en 1941 el cuento de Edgar Allan Poe “El corazón delator”) lleva adelante la primera película sobre el fantasma más conocido y querido de la literatura inglesa, con Charles Laughton a la cabeza del reparto. También hay adaptaciones en versiones para televisión, entre otras la alemana de 2005, que le da vuelta de tuerca trayendo a una época más actual la historia y la versión de dibujos animados hecha en Australia en 2001.

Y para cerrar, la versión de León Gieco de "El fantasma de Canterville" de Charly Garcia:





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Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Conductora del programa radial "A la vuelta de la esquina" por radio La Desterrada. Coordinadora del ciclo de lecturas on-line "Lecturas en el tren". Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales como Infobae, Solo tempestad, CQAP.info, Veo Maravillas, entre otros. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad

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