Una mirada al escenario poético actual

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La literatura permite acercarse a un mundo que a veces desconocemos, la poesía, además, nos mete de lleno en el.

A través de sus textos los escritores dan muestra de su mirar y decir este mundo y este momento que hoy transitamos. Como observadores de la realidad nos permiten apropiarnos de ella y, muchas veces, sentirnos interpelados por aquello que pasa a nuestro alrededor.

Y si hablamos de representar el mundo y el tiempo, que mejor herramienta para llevar adelante esta cíclope tarea que la poesía, la que acompaña al ser humano desde tiempos inmemoriales, desde que los sonidos se convirtieron en palabras y estas comenzaron a tener sentido. La poesía ha sido y es un medio imprescindible para la transmisión oral de la memoria, la poesía se hace leyenda, se hace canción y pasa de generación en generación llevando las historias de los pueblos y de las personas que los componen hacia el futuro. El Cantar del Mío Cid, con su relato de las heroicas hazañas de un caballero castellano, La Divina Comedia, con su representación del gran viaje de Dante por el infierno, el purgatorio y el paraíso con la guía del poeta Virgilio, nuestro Martín Fierro contando la historia de ese gaucho tan representativo de la pampa argentina. Si viajamos más atrás en el tiempo, hasta la antigua Grecia, seiscientos años antes de Cristo, nos encontramos en la isla de Lesbos con Safo, la gran primera poeta de la que tiene registro la historia de la literatura. Y digo que Safo es la primera de la que se tiene registro porque si bien las mujeres han creado, escrito y contado historias desde siempre, no tenemos memoria ni textos de gran parte de ellas ya que la gran mayoría no logró darse a conocer o ser respetada como tal hasta bien entrado y casi terminado el S XIX. Pero como decía la gran Virginia Woolf, y parafraseándola, “detrás de la mayoría de los anónimos que firman textos literarios seguramente hay mujeres escritoras”. Haciendo honor a tantas anónimas, a las que lucharon por ser reconocidas y a las que finalmente lograron ese reconocimiento y partiendo de Safo, hablaré del camino de la poesía hacia nuestros días centrándome en las mujeres que han escrito a lo largo de la historia.

Comienzo esta andadura, por supuesto, de la mano de Safo. La poeta vivía, como la gran mayoría de sus congéneres de la época limitada a la vida familiar, además de haber decidido cerrarse sobre su círculo más íntimo, desconociendo o haciendo caso omiso en sus textos a la dinámica política y de las guerras de la época, plasmando a través de sus palabras su visión del mundo denominado femenino. Safo habla fundamentalmente de las mujeres que la rodean, sus amigas, sus alumnas, los miembros femeninos de su familia, pero no busca describir su vida cotidiana o sus estilos de vida sino sus vivencias interiores: las emociones y los sentimientos son llevados al punto más importante sin ningún tipo de censura, por el contrario son mostrados en todo su valor y destacando su importancia. Safo fue una gran revolucionaria de la creación poética, creando para su poemas más intimistas un ritmo propio y una métrica nueva que llega hasta nuestros días y se denomina la estrofa sáfica.

Nos movemos en tiempo y espacio y doce siglos después nos encontramos con una de las más numerosas generaciones de grandes poetas. Entre finales del 1800 y casi mediados del 1900 nacieron algunas de las más destacadas autoras del siglo 20, aquellas que sembraron las bases de la nueva poesía.

En esta zona del globo Alfonsina Storni es una de las más reconocidas, tanto por su prosa poética como por los temas tomados como eje de su obra. Se aleja de la muestra bucólica de un espacio, relación o un hecho para desafiar las estrictas reglas sociales de la primera mitad del siglo veinte tanto en su vida como en su obra, siendo madre soltera y reclamando por las injusticias sociales, los derechos de los más desvalidos y de las mujeres.

A partir de la década del ´60 en Argentina, Alejandra Pizarnik es la gran figura de referencia para muchos poetas, su ambivalencia a la hora de escribir sobre sus temas fetiche (la infancia y la muerte) la entronaron en un púlpito de fanatismo. Las dificultades e inseguridades que poblaron su infancia serán elementos fundantes de su figura poética y la perseguirán como obsesiones y temores por el resto de su vida. Sus lecturas adolescentes y de la primera juventud se convirtieron en temas que obraron como materiales perfectos para la construcción de su personaje poético: la atracción a la muerte, la orfandad, la extranjería, la voz interna, lo onírico. Esto sumado a su admiración por Rimbaud, Artaud, Baudelaire y Mallarmé la convirtieron en la caracterización perfecta de la poeta maldita. La poesía de Alejandra es pura indagación, busca resolver sus dilemas internos y justificarse ante el mundo, así como expresar y desahogar la angustia que la acompañó hasta el final.

Si volamos al norte de América, nos encontramos con dos poetas que, siguiendo la línea (siendo sus contemporáneas) de Pizarnik buscaron la manera de usar las palabras para poder expresar aquello que las angustiaba y que hacía que su relación con el mundo fuera muy difícil: Sylvia Plath y Anne Sexton.

Plath y Sexton son reconocidas como las principales cultivadoras del género de la poesía confesional en Estados Unidos, a través de la cual se expresan detalles íntimos de la vida del autor.

Tanto en su obra poética como narrativa Plath es su propio personaje a la vez que su musa inspiradora. Luego de escribir por años con una estructura clásica, en 1962 dota de una nueva visión a su poesía a partir de “Tres mujeres” poema narrado para la BBC en ese año y publicado en formato libro en 1968. A partir de ese momento concibe los poemas para ser leídos en voz alta, y sus textos comienzan, además, a tener un tinte feminista.

Por otra parte, Anne Sexton fue una de las primeras escritoras que ofreció al lector una visión íntima de la angustia que fue parte fundamental de su vida debido a las constantes crisis depresivas que la aquejaban, convirtió la experiencia de ser mujer (su propia experiencia de ser mujer) en el tema central de su poesía, convirtiéndose, como les decía antes, en una figura moderna del llamado “poeta confesionalista”, soportando críticas despiadadas por tratar en sus obras temas tabú para la época como la menstruación, el aborto y el abuso de drogas.

Ustedes podrían preguntarse por qué elegí a estas mujeres poetas dejando fuera de mi texto a otras que también se consideran valiosas en el ámbito literario, y la respuesta es que estas que tomé son algunas de aquellas que rompieron de alguna manera con lo impuesto en la época que vivieron, ya sea con costumbres e ideales sociales y culturales, o desarrollaron nuevas formas poéticas o ambas cosas a la vez.

Y romper con los mandatos de la construcción poética es algo que los poetas de los últimos años, los que forman parte de la denominada escena poética actual, han venido haciendo desde finales del siglo pasado.

La literatura en general y la poesía en particular son uno de los primeros medios que marcan el cambio de época. Romper aquellos esquemas que eran considerados guías inalterables de producción para deconstruir primero y reconstruir después los paradigmas culturales y literarios. Podemos decir entonces como sostiene Gustavo Guerrero en su ensayo Paisajes en movimiento, que “la producción poética de los años 90’s, la cual fue retomada desde distintas perspectivas en las dos siguientes décadas, sea vista como un síntoma de época: ruptura con antiguas formas, difícil categorización y un abanico de estilos que imposibilita una etiqueta común para todos los autores”.

Esta ruptura de la que habla Guerrero no sólo se refiere a la construcción poética sino también a los cambios en los estilos de vida que, por supuesto, afectan e intervienen en esa construcción. Y por eso un estudio profundo de la poesía y de cualquier género literario debe plantearse como una indagación sociológica y no sólo literaria, y algunas de las preguntas que necesitamos hacernos son: ¿Cómo influyen los nuevos medios en la poesía? ¿tienen las redes sociales algo que ver en la recuperada y nuevamente puesta en valor “poesía confesional”? ¿cómo el acontecer diario y los cambios sociales y fundamentalmente tecnológicos que hoy se dan son integrados en la literatura?

Centrándonos en la poesía actual y sus características fundamentales podemos encontrar en primer lugar a un escritor exigente. La poesía de hoy exige un lector activo, que se involucre, que se sienta convocado por el texto. Busca interpelar más allá de la emoción, buscando en muchos casos una acción. Un claro ejemplo de esto es el texto escrito por la poeta Giselle Aronson frente a la desaparición de Santiago Maldonado: “Si yo llegara a desaparecer, si alguien llegara a desaparecerme, te pido que me busques”, dice en su primera frase, pidiendo, casi exigiendo una acción como respuesta a su texto, una reacción como compromiso.

También vemos -como en el poema de Aronson- un compromiso con la realidad, el reclamo por lo que cada autor reclama como justo (como ya lo hizo Alfonsina Storni hace un siglo): la pobreza, la injusticia, la falta de derechos, de seguridad, y también cómo cada una de esas cosas repercute en su individualidad. Se abre al exterior, lo interno pasa a ser parte de lo externo y viceversa, borrando los límites y moviendo las fronteras. ¿Es lo personal político? En la poesía actual si.

En esto de mostrar y mostrarse, de hacer que los demás participen, a través de una obra, de la propia intimidad encontramos la clara intervención de las redes sociales que crean nuevos lenguajes y formas de interrelación. Se muestra cada momento íntimo, a través de fotos, textos y esto llega claramente al discurso poético, con los filtros que también se usan en las redes, pero mostrando lo que hay debajo de la piel. El autor es el personaje principal de cada texto. “Hoy ví un cuadro” se llama un libro de poemas de Cecilia Pavón, “Mi padre ha vuelto a la bebida” es el nombre que Santiago Vega (conocido literariamente como Washington Cucurto) ha dado a una de las secciones de su libro de poemas “Basta de escribir novelas”. La vida diaria e íntima de cada uno de ellos mostrada a través de la escritura.

Cuatro poetas de nuestro tiempo me han acercado a un género con el cual no lograba identificarme y representan cabalmente la escena poética actual: Jimena Busefi, Karina Rodríguez, Analía Hernández y Melisa Freund. Sus obras las tienen como centro, como protagonistas, pero no un centro individualista cerrado al mundo sino abierto a lo que ocurre a su alrededor, en un intercambio permanente entre lo privado y lo social. La poesía es en ellas un elemento discursivo a través del cual presentar al mundo su visión personal y comprometida.

Los pueblos originarios y la violencia ejercida sobre ellos, la violencia de género, la pobreza, la soledad, el amor, el dolor de ya no ser, la angustia, cuestiones íntimas y sociales que se entrelazan en sus textos y muestran el compromiso de cada una de las autoras con el aquí y ahora social.

Finalmente, una de las cosas más importantes que caracterizan a la poesía actual en general y a nuestras poetas en particular es que, lejos de aquel canon que casi exigía textos ilegibles, reservados sólo para una elite intelectual, es la apertura hacia el otro, la calidez de la bienvenida a sus textos a todo aquel que se acerca, lo inclusivo de sus escritos tanto en lenguaje como en temática. El lector es recibido con los abrazos abiertos y se le da el espacio que merece.



* Este texto es una adaptación de la presentación del Primer Encuentro Poético del Ciclo Poesía en la Legislatura, organizado por el área de Cultura de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires realizado en junio de 2018. Compartí la mesa con las poetas Jimena Busefi, Karina Rodríguez, Analía Hernández y Melisa Freund.



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Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Conductora del programa radial "A la vuelta de la esquina" que se emite por radio La Desterrada. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad