Heroína, la guerra gaucha - Nicolás Correa

La historia de la Princess, una chica trans que luchó en la Guerra de Malvinas es contada sin tapujos ni medias tintas en esta obra del escritor Nicolás Correa
 Heroína, la guerra gaucha - Nicolás Correa - Andrea Papini - literatura LGBT - novela - narrativa - autores argentinos - literatura argentina - Kintsugi Editora

En Heroína, la guerra gaucha todo es desmesura. Esta novela de Nicolás Correa es el relato desbordado de la Princess, una chica trans, ex combatiente de Malvinas, lo que da la pauta de entrada sobre el carácter disruptivo de esta obra, que al momento de publicarse despertó resistencias, aunque fueron más los elogios, porque logra correr de la sacralización a algunos arquetipos de nuestra tradición literaria, aunque de esto hablaremos más adelante.

El lector queda cautivado desde la primera de sus ochenta páginas con las historias que va enlazando casi sin respiro y que invita a no dejar el libro hasta llegar al final, siempre con ganas de más.

La búsqueda del autor tiene como resultado ese registro único y sostenido: el de la Princess. La voz de la protagonista se nutre desde la jerga carcelaria, a la del barrio, casi siempre desafiante. Habla desde su encierro con un interlocutor a quien intuimos como periodista, pero que no es más que el pie para que con verborragia incontenible esa Princess se cuente a sí misma, se confiese en un y venir por los hechos que la llevaron hasta donde está.

Su bravura está cruzada por algunas sombras. La infancia en una familia disfuncional le pesa, se hace lastre. Su debut sexual en contra de toda norma, es el punto en el que decide comenzar a ejercer la libertad, de una manera caótica pero propia. Es también una iniciación literaria. Sin embargo, las ataduras con el pasado a veces la dominan y el lector llega a intuir que el frenesí con que aborda cada situación tiene como trasfondo la búsqueda estéril por encontrar algo de amor, de ese amor herido de muerte en la infancia.

La Princess en sus sueños, le insiste a la madre —una madre que se suicida por ella— “no soy tu hijo, soy tu hija”. Para nombrar al padre usa un insulto. Se mueve entre tumbas reales y simbólicas, a través de los antros más oscuros, de esa pampa de gauchos aferrados a su virilidad, de una guerra padecida entre tinieblas que la hacen rozar con lo onírico. Va detrás de un amor idealizado que la va a rechazar cuando se confiese.

Al igual que en los folletines, género de novelas por entregas que fue tan popular a mediados del siglo XX, de tono melodramático, se suceden los episodios protagonizados por personajes delirantes, como el de Ramón alias Reymond, el brujito, el relato de Chitoro, Mashinbú y Etelvina. Y el apoteótico de la señora Caracciolo, “hembrota angelical” que goza de un breve reinado en una discoteca suburbana, hasta que alguien la desenmascara: “Se quedó con el pelo en la mano. La peluca flameando me hizo acordar a la bandera inglesa en las islas”.

La literatura sobre Malvinas se inicia a partir de Los pichiciegos de Fogwill. La seguirían Las islas de Carlos Gamerro, y muchas otras. ¿Qué novedad aporta “Heroína” a la tradición literaria malvinense? El desenfado bravucón de esta gauchita, que se entrega por la patria, calentando las trincheras heladas para sus compañeros. Se confiesa soldado voluntaria, no por valentía sino por deseo. Toda una provocación. También asistimos al hambre atroz de esta guerra, a las formas desesperadas de evitar la muerte por inanición. Al igual que el unitario de El matadero, Llinas y el judío Kratz son humillados y estaqueados, en un cruce entre la ficción y la oscura realidad de las torturas a los soldados por parte de sus propios superiores.

El autor juega también con la figura que la tradición argentina ha asignado al gaucho, tan macho y corajudo, lejos de cualquier rasgo que pudiera considerarse poco masculino. La Princess desafìa el estereotipo, se define como “gauchita para lo que gusten mandar”, con sus mariconeadas y su valentía.

El relato deja planteadas algunas otras líneas, como la religiosidad popular y su mezcla de santos canónicos con otros entronizados por la gente de campo, como el Gauchito Gil; o el enojo de los excombatientes con una sociedad que no supo alojarlos, darles un lugar, después de sacrificarlos por la patria.

A medida que se acerca el final la Princess busca un poco de sosiego, sin perder esa voz propia e irreverente que nos condujo a través de una fiesta desenfrenada y amarga.



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Andrea Papini.Andrea Papini nació en Buenos Aires en 1968. Es redactora literaria, lectora voraz, indagadora de las diferentes formas de la escritura. Su ensayo Ángeles caídos fue publicado por la Rio Grande Review, revista de la maestría literaria de la Universidad de El Paso, Texas. Su poema en prosa Esta casa recibió una mención del jurado y fue incluido en la V Antología de la editorial Ruinas Circulares. Brinda talleres de lectura y está terminando su primer poemario.

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