Verónica Sukaczer: "En todos mis escritos hay una parte de vivencia"

Verónica Sukaczer

Verónica Sukaczer está catalogada como autora de libros infantiles y juveniles, pero sus historias son imprescindibles también para los adultos.

“Podría vivir en un cuarto lleno de libros, sin salir, y nunca me quedaría sin ideas.” Así es como surgen los libros de Verónica Sukaczer, a partir de palabras de otros, de frases, surgen historias completas, llenas de personajes que movilizan y que permiten, en muchos casos, re pensar historias propias. “En cuanto una frase, un párrafo, lo que sea, activa una idea comienza a armarse en mi cabeza algo así como una bola de nieve. Si se derrite, listo, no habrá libro. Pero si crece, si no me permite pensar en otra cosa, si se convierte en mi obsesión, allí hay una historia completa, que logro terminar, trabajar, corregir y dejar ir”.

Y de una frase de Primo Levi surgió la idea para escribir “Los nombres prestados” (2015 – Editorial Norma), novela que transcurre en distintos momentos históricos y en lugares tan alejados, pero a la vez tan cercanos, como son la Argentina actual y la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Una mujer joven, casi adolescente, debe desarmar la gran biblioteca de sus abuelos. Su abuela ha muerto y su abuelo no ha tenido esa suerte a pesar de buscar a la parca con insistencia. Y entre tanto libro encuentra una novela que le permitirá reconstruir esa parte de la historia familiar que su abuelo se niega a contar y que lo ancla, de alguna manera, a este mundo.

Así como las palabras por fin liberadas serán el bálsamo que libere, a su vez, a este hombre que quiso tapar con silencio el dolor inenarrable de un campo de concentración, las palabras son también para otros personajes de Sukaczer sanadoras, y un refugio para la autora. “La lectura fue un refugio de aprendizaje total y absoluto y mío. Nadie podía molestarme allí. La escritura fue el resultado de estar en ese lugar, pero mientras la lectura es hacia adentro, la escritura es sacar… así que más que como refugio veo la escritura como herramienta, algo que me permitió avanzar y expresar. Son complemento… nunca hubiera llegado a la escritura sin la lectura. Pero claro que también es un sitio donde solo puedo estar yo. En todos mis escritos hay una parte de vivencia, así que si, también ha sido mi refugio”.

“Los nombres prestados”, a pesar de tratar un tema tan doloroso como es el Holocausto Judío y de mostrarlo sin tapujos ni filtros, no es un libro para adultos, sino para adolescentes, los destinatarios principales de gran parte de la obra de Sukaczer. Este camino en la escritura infanto-juvenil comenzó hace años, cuando verónica Sukaczer apenas salía de su propia adolescencia. “Escribir para niños y adolescentes nunca fue algo planeado, ni tenía interés en escribir para chicos. Sucedió que empecé a escribirle cuentos a una primita que estaba enferma – rememora Sukaczer-. Ella pasaba largas temporadas internada o en su casa sin poder ir a la escuela, y como yo no la visitaba tanto como quería, tenía 20 años, estaba en la facultad, le mandaba cuentos que escribía en el momento, y que acompañaba con dibujos para pintar o juegos típicos. La idea era que se entretuviera un rato y poder compartir algo con ella. Cuando Carla, mi prima, falleció, su mamá me pidió permiso para publicar esos cuentos, armar un libro y venderlo para juntar dinero para la mutual que habían formado con otros padres. Yo no quise que publicaran esos cuentos en particular, por un lado eran para Carla, por otra la mayoría los había escrito a las apuradas cuando sabía que alguien la visitaría y se los podía alcanzar. Así que me tomé un tiempo y escribí nuevos relatos. Y así empecé. Me sentí cómoda escribiendo para chicos, me divertía, encontré un tono, un estilo, mi voz”.

Esta voz tiene su base en las lecturas de la infancia: “En poesía mi libro preferido era Las torres de Nüremberg, de J.S. Tallon. También El libro de los chicos enamorados de Elsa Bornemann, y antes de ese, Tinke Tinke , que venía con espacio para dibujar. En novela todo L.M.Alcott, la colección Robin Hood, la serie de Anne de los tejados verdes, Cocorí, Papelucho, Lo que leían los chicos de mi edad. Y a eso le sumaba las enciclopedias, siempre me gustaron mucho, soñaba con tener la Británica y hojeaba todo lo que encontraba. Si iba a la casa de alguien, me quedaba husmeando en su biblioteca. De las lecturas infantiles pasé a la ciencia ficción, de allí al boom latinoamericano, de allí a todo…”. Y a los veinte años volvió a ese ámbito a buscar guía e inspiración. Creo que el hecho de que la literatura hubiera sido tan importante en mi infancia me había dado una buena base para para escribir. En ese momento, entonces, regresé como lectora a la literatura infantil, era la época de Graciela Montes, Cabal, Ema Wolf, Mariño, Roldán, Devetach. Así que tuve un excelente material de donde aprender”.

Cuando escribe para adolescentes, no pone frenos ni filtros, escribe sobre el tema que tiene ganas de escribir sin pensar mucho en el lector. “Cuando es una novela juvenil los personajes son jóvenes y lo que viven tiene algo de iniciación, pero no hago nada especial”. Tampoco cree que haya temas tabú a la hora de la literatura adolescente, aunque si tener en cuenta los intereses, y también contar cosas e historias que de otra forma no llegarían a ellos. “Con Los nombres… pasé por algunas etapas. Por un tiempo sentí que habiendo obras como la de Primo Levi, la de Semprún, por nombrar solo dos, yo no tenía derecho a hacer ficción sobre eso, ahí estaban los sobrevivientes dando testimonio, habían estado allí, lo habían contado de una manera maravillosa, ¿qué podía agregar yo? Pero luego en las escuelas secundarias los chicos me demostraban que no tenían mucha idea de lo que había sido el Holocausto. Y si no tienen idea, cómo les vas a pedir que lean a Levi o a Semprún. Son obras para lectores especializados, formados, adultos. Hay que tener un conocimiento previo para ingresar a esos libros… Entonces me dije que sí había un ligar para mí, que no le estaba haciendo mal a nadie ni faltándole el respeto a ningún sobreviviente. Que podía hacer mi aporte. Yo crecí leyendo sobre el Holocausto, es la historia de mis antepasados, son las preguntas que me hacía por ser judía…Y sí considero que deben saber, que alguien debe contarles. Y no sólo lo sucedido hace 70 años…También lo que está pasando ahora, los secuestros de Boko Haram, las matanzas del Isis… No podes no saber que en algunos lugares del mundo, ahora mismo, están matando gente por ser cristiana o se dan vuelta botes que llevan a cientos de personas que huyen de sus países. ¿Cómo se acerca esta información a los jóvenes? Bueno… creo que contando historias es un buen modo…”

La “explosión” de la literatura juvenil que parece haberse dado en los últimos años no la encuentra desprevenida, y tiene una mirada diferente del “boom”. “Pienso que literatura juvenil hubo siempre. Todo texto de iniciación es de algún modo juvenil. No es algo que se haya inventado ahora, sólo que comercialmente ahora está explotado de otro modo. A mí no me asustan las etiquetas, viste que hay gente que no quiere hacer diferencia entre literatura para chicos, juvenil, para adultos… que todo sea literatura. Y claro que todo es literatura, pero el lector necesita que lo ayuden un poco a elegir… Tal vez justamente la literatura andaba un poco relegada porque los adolescentes no vienen a contarnos qué están leyendo, y ahora con las redes eso de pronto está a la vista. Y es genial que un chico se ponga a contar qué lee, por qué, qué le gusta y recomiende libros me parece maravilloso. Si yo tuviera quince ahora sería booktuber, sin ninguna duda”.

- Además de tus lecturas de los primeros años, ¿Qué libro o autor te marcó? Para bien o para mal…

- - Tengo una pequeña lista de libros de los últimos años que me resultaron increíbles, maravillosos, libros que me resultaron geniales lecciones de literatura y que recomiendo, regalo recuerdo: La historia del amor, de Nicole Krauss; Nunca me abandones, de Ishiguro; El curioso incidente del perro a medianoche, de Haddon; Mr. Vértigo, de Auster; Sangre en el ojo, de Lina Meruane. Y este verano leí Memoria por correspondencia, de Emma Reyes, y ahora El cielo de los animales, de David J. Poissant que podemos agregarlos a la lista.

- Finalmente... ¿por qué escribís?

- Porque amo hacerlo



Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad