Manou Fuentes: "Amo las palabras y el humor, amo contar historias”

Manou Fuentes

Con una mirada sencilla y a la vez crítica, Manou Fuentes plasma en sus novelas historias profundas y movilizantes

La escritora francesa Manou Fuentes ejerció la medicina hasta hace algunos años. Mientras atendía a sus pacientes y los veía sufrir, se metía en sus libros para poder superar a través de la lectura, momentos dolorosos que en algunos casos eran realmente desgarradores. Si bien la literatura siempre fue una parte muy importante de su vida, Fuentes recién pudo sentarse a escribir en el momento en que sintió que se desligaba de sus responsabilidades. Hijos grandes y la llegada de la jubilación, le dieron el espacio y el tiempo suficientes para decidirse a contar sus propias historias.

Desde niña, su vida estuvo rodeada de palabras. De padre médico -y agnóstico- y madre farmacéutica -y cristiana-, las lecturas en la casa de la familia eran de lo más variadas. La ciencia, la filosofía y la religión estaban en manos de todos por arte y obra de padres que buscaban inculcar en sus hijos el amor por las letras: “son mis padres quienes me han dado el gusto por las palabras y la literatura, en mi familia todo el mundo sentía amor por las palabras. Palabras para decir. Palabras para reír. Juegos de palabras” rememora Fuentes.

Esta relación con la palabra ajena se vio alimentada en la juventud por la búsqueda de una explicación y un consuelo a los problemas existenciales, los cuales la mortificaban tanto como la reanimación de los enfermos, circunstancias que la ponían en una relación constante e intensa con la idea de la vida, de la muerte y de sus sentidos.

“Al ser resultado de la unión de un agnóstico y una cristiana, en mi juventud leí a grandes autores como Maupassant, Blazac, Flaubert, y al no encontrar respuestas a ni búsqueda, me volqué hacia la filosofía de manera anárquica: San Agustín, Kierkegaard, Sartre, Nietzche. Me interrogaba constantemente sobre el origen y el destino del mundo”, nos explica en la entrevista.

Al sentir que estos escritores no contenían las respuestas a sus obsesiones, estudió textos hindúes y budistas, para finalmente volver a la Biblia y acercarse a la Torah. Freud y Lacan y sus propias interpretaciones de las conductas y la realidad también ocuparon buena parte de su búsqueda. Finalmente, de la conjunción de todas estas lecturas encontró una respuesta que define como “aproximadamente clara: la aceptación de eso que es”.

Si bien el ejercicio de su profesión como médica no le permitió escribir, la enfrentó al problema del sufrimiento del otro y de la muerte, influyendo en la construcción de sus futuras obras y de sus personajes, permitiéndole ver de una manera diferente a quiénes la rodean y son su inspiración a la hora de crear: “los veo, siento sus debilidades, sobre todo si son semejantes a las mías”.

Fuentes tiene una relación relajada con su escritura y sus rituales: “no me obligo nunca a escribir, lo hago cuando me vienen las ideas”, y esta falta de presiones le ha dado una visión muy especial de la vida en la cual aplica el mismo concepto: no obligarse y vivir de la manera más simple posible.

“La inconcebible aventura del hombre que fue otro” –“El hombre que quería quedarse en su rincón” en el original en francés y primera novela de Manou Fuentes- narra la historia de Édouard Pojulebe, un ser anódino, con una vida totalmente planificada y aburrida, que en un momento bisagra de su vida, y ante un hecho que él considera inicialmente como azaroso, se convertirá en un prófugo de la justicia, cambiando lo que es, física y espiritualmente.

Así como Fuentes mira en profundidad a quienes la rodean y son su inspiración, su visión de sí misma es igualmente escrutadora. “Sin querer parafrasear a Flaubert que clamaba que Madame Bovary era él, “El hombre que quería permanecer en su rincón” era un poco yo. Tuve en un momento de mi vida un salto al vacío con un despertar súbito de la conciencia. Probablemente todos estamos en huida hacia la búsqueda de nuestro yo profundo. ¿No somos, acaso, muchas personas: “aquellas que creemos ser”, “aquellas que los otros creen que somos” y “aquellas que somos realmente” o “aquellas que querríamos ser”? ¿Cómo reencontrarse, qué camino tomar? No hay que olvidar que se puede cambiar, que se puede evolucionar. Pojulebe lo descubre, va poco a poco a convertirse en otro, o simplemente en él mismo”.

En esta historia de profunda búsqueda del propio ser, la autora toma como línea literaria el thriller ya que en un momento determinado el personaje que compone Pojulebe ante el mundo se deshace. “Creo que es suficiente que un pequeño corte se haga en el caparazón o coraza de un individuo para que su personaje se desmorone. En un momento la vida del protagonista corre un gran riesgo y una forma de suspenso físico aparece, de ahí la utilización del thriller. El personaje está obligado a huir físicamente, de afrontar la nueva realidad y metamorfosearse en el plano existencial para hacer frente a las dificultades que encuentre, y para esto el thriller es el mejor género. También me pareció que la filosofía podía tener su lugar en esta aventura. Pero como la vida está hecha de muchos elementos como lo filosófico, la acción o el humor, he tratado de mezclar los géneros. En la vida hay siempre cosas graves, agradables o situaciones ridículas. Amo las palabras y el humor. Amo contar historias”.

- Finalmente: ¿por qué escribe?

- Escribir es para mí una manera de reflexionar, de comprender a los otros y al mundo.





Esta entrevista no hubiera sido posible sin el excelente trabajo de traducción de la profesora Beatriz Hontalvilla



Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad