Julián López: “Cuando no escribís empezas a perder bordes”

Julián López Foto: Vivian Ribeiro



Poeta, novelista y actor, autor de Bienamado y Una muchacha muy bella, nos permitió husmear en su mundo y nos cuenta de que viene esto de escribir como una necesidad vital.

M. Soledad Hessel

Cuando un par de años atrás me hice con un ejemplar de la novela “Una muchacha muy bella” de Julián López, no imaginé, a pesar de las críticas que hablaban de ella en términos más que elogiosos, que esta historia iba a calar en mí tan hondamente, y que años después, al poder entrevistar a su autor, su relectura me emocionaría tanto como la primera vez.

Un hombre, retomando sus recuerdos de niño y haciendo uso de esa voz infantil, nos habla de su madre y sus vivencias a su lado. Un té en una confitería, un paseo por el Jardín Botánico, una cena de salchichas frías y humo de cigarrillo. Los libros y la soledad. Las ausencias y la pérdida. Elementos que construyen una historia luminosa dentro de la oscuridad de la época.
Poeta, novelista, actor, Julián López nos permite ingresar en su mundo a través de las palabras.

¿Cuándo y por qué empezaste a escribir?

Empecé a escribir de chico. En la escuela hacía composiciones, había certámenes intercolegiales y recuerdo haber ganado un par. Después a los diez años, un domingo, escribí dos poemas y fue una experiencia rara porque no esperaba que sucediera eso, nunca se me hubiera ocurrido, pero escribí dos poemas, así con forma de poema. Textos que no conservo, por suerte y por desgracia. De uno recuerdo algunos versos, eran poemas bastante tristes supongo, así que te diría que siempre escribí.
Durante la adolescencia seguí escribiendo poesía pero me gustaba mucho escribir cuentos, en algún momento incluso probé cuento breve. No conservo cuentos de aquella época pero si conservo una idea. Yo escribí un cuento que se llamaba “Mis amores con una actriz del expresionismo alemán”, que no estaba mal, lo presenté en un concurso y salió recomendado. Y me quedó como un proyecto de escribir una serie de cuentos que serían ese que estaba con la actriz del expresionismo alemán, después escribir “Mis amores con una actriz de la nouvelle vague francesa”, “Mis amores con una actriz del realismo italiano” y el proyecto terminaba con un cuento que era “Mis amores con Niní Marshall”. Nunca lo escribí, pero siempre me quedó y tal vez alguna vez me decida, porque siempre me acuerdo de ese proyecto.
Después pasé una gran temporada de mi vida sin escribir, sin leer, bastante enojado con la idea de leer y escribir y retomé la escritura, de manera más seria, en los primeros años del dos mil. Pero también todo me fue más o menos sorprendente. Tampoco tenía el proyecto de escribir una novela como La muchacha. Todo fue más o menos así, sorpresivo, medio como que me asaltaba.

En el dos mil cuando retomas la escritura, ¿un día te sentaste a escribir o te pasó algo que te dijo tengo que volver a escribir?

Me pasó algo, privado por decirlo así, que me hizo dar cuenta de que yo estaba deshabitando algunos lugares propios. Que eso generaba dolor y situaciones de frustración repetidas, y un día me di cuenta de que yo no podía elegir no escribir. Te voy a mostrar un cuadrito. Es la primera página de un libro que aparecía todo el tiempo, no sé de qué libro. Es Hamlet, y la versión que yo tengo de Hamlet tiene esa primera hoja. Nunca la terminaba de tirar. Y siempre volvía a aparecer, y un día dije “bueno, la voy a hacer cuadrito”. Y un poco es esa la idea, como la idea de Hamlet a quien las voces le piden que vengue algo, pero para hacerlo tiene que dejar de ser Príncipe Hamlet. De alguna manera yo relaciono eso con mi propia escritura. Pensé que podía decidir no escribir, que podía tener una vida sin escribir y no. En un momento me di cuenta de que no, de que uno puede elegir no hacerse responsable de lo que tiene que hacer pero el costo es altísimo. De alguna manera tomé la decisión de pensarme como escritor y de escribir.

Varios de los autores que he ido leyendo por la vida dicen que escriben para conjurar sus miedos, sus obsesiones y sus neurosis, ¿es tu caso?

Yo escribo porque no lo puedo evitar, porque me lo impongo. Después es cierto que sucede algo, que la escritura, no siempre pero muchas veces, limpia y realmente me trae una cosa que es una mezcla de calma y felicidad, porque te da una medida propia, material. Cuando paso mucho tiempo sin escribir me complico mucho, me pongo más neurótico y me angustio, y cuando logro escribir hay algo que drena y que tiene que ver básicamente con las neurosis, con miedos, con ideas, con expectativas que son o muy exageradas, o muy lejanas, la escritura te da una medida propia.

¿Es terapéutica?

Es más que terapéutico. Es un poco eso que te decía de Hamlet. Cuando no escribís empezás a perder bordes y cuando escribís, y te haces responsable de esa escritura, te da un lugar propio.

¿Cómo surge Una muchacha muy bella? Leí que fue por asalto.

Si, fue efectivamente por asalto. Y además me acuerdo bien porque estaba viajando en colectivo y se me ocurrió “Mi madre era una muchacha muy bella”. Me apareció ese verso y supuse que iba a ser un poema porque mi relación con la narrativa estaba como en un segundo plano. Cuando se me ocurren cosas así es habitual que lo deje, porque sé que si tiene cierta potencia, eso me va a volver en los días subsiguientes. Me acuerdo que pensé “acá hay una música, esto va a ser algo”. A los días de ese viaje en colectivo me senté a ver si aparecía el poema, y apareció una novela, y apareció muy pronto y muy imparable. Escribí, en términos relativos, comparado conmigo mismo, muy velozmente y apenas empecé se impuso una narración, claramente una novela. Yo supe muy pocas cosas, salvo esa: que tenía que escribirla y que era una novela y que lo que se me había ocurrido era el título.

Una muchacha… fue elegida como el libro del año en el 2013 en la encuesta de Eterna Cadencia, figuró durante varias semanas entre los más vendidos, las críticas fueron y siguen siendo muy buenas, ¿pensaste que esta historia iba a tener tan buena acogida, más allá de las ganas de que así sea?

No, qué iba a pasar no sabía. Pero mientras la escribía, había un impulso de mucha potencia y yo sabía que tenía que publicarla pronto. La presenté en una editorial y a esa editorial no le interesó. Pero antes de que me dijeran que no, ya la había presentado a Eterna Cadencia. Y en Eterna les interesó enseguida, me habían dado un período de lectura y me llamaron antes. Fue súper sorprendente lo que pasó, pero, sin embargo, durante la escritura y durante el período de empezar las charlas con la editorial había algo muy potente que se estaba manifestando. Después fue todo muy alegre muy sorprendente. A la novela le fue muy bien en términos de que fue leída y fue muy comentada. Eso siempre es una sorpresa porque además hay infinidad de materiales que uno considera excelentes y no tienen suerte, ¿no? Es más común eso. A mí me gusta mucho la novela, y me parece que hace una cosa que es distinta en relación con las novelas con las que se puede emparentar.

Si bien Una muchacha… no es autobiográfica, ¿hay algo tuyo en este hombre que recuerda su madre?

Si. Es raro eso, porque no es autobiográfica pero te podría decir que hay mucho de mi subjetividad o de mi percepción. La novela en términos absolutos es completamente ficción, pero hay una manera de leer y un impulso de decir que es completamente mío. Además hay cosas que yo hice adrede, hay líneas de lectura que a mí me interesó que estuvieran presentes más allá de la trama. Entonces si. Es un tema medio eterno la ficción porque uno escribe con su propia materialidad de percepciones, de memorias. Y en esta novela como habla de la infancia en un momento del país y del mundo en el que yo fui chico, claramente está muy sostenida por cosas que yo ví y que me constituyeron así que no es autobiográfica y es biográfica a la vez.

Segeunda imágen del articulo

A pesar de que su madre lo adora, y está pendiente de lo que a él le pasa, es un nene con mucha soledad, no hay familia, ni amigos, sólo están Elvira y su perro. Son un núcleo muy solo.

Si. A mí me interesaba mucho reflejar eso, ese nivel de soledad. De alguna manera como lectura también de aquellos años. Ya había muerto Perón y políticamente había un nivel muy alto de desamparo. La guerrilla ya había fracasado y aún seguía con su plan y el golpe era inminente y no se tenía noción de lo que iba a pasar. Había una lectura de esos signos muy cegada, muy insatisfactoria. Quería básicamente hablar de la soledad.

En el momento en que la madre desaparece, este niño rechaza los libros y dice que no va a volver a leer nunca más en su vida, pero después hay una especie de reconciliación y vuelve a los libros. ¿Es una forma de búsqueda de su madre, una manera de recuperarla?

Esa es una de las líneas de lectura que te decía: cómo es esta relación de la clase media con los libros y con la lectura. Hay una relación de amor/odio. Y en algún sentido te puedo decir que eso es medio autobiográfico. Yo vengo de un hogar donde se leía y donde se fomentaba la lectura. Y mis amigos no leían o leían cosas para chicos cuando yo ya leía literatura para adultos, entonces yo tenía una mirada sobre mis amigos bastante desdeñosa en ese sentido, cuando empecé a crecer me empezó a molestar esa mirada desdeñosa y la lectura como un sistema de sometimiento, como “ah no leíste tal cosa” y una mirada desdeñosa ahí. Eso en algún momento me alejó mucho de la idea de leer. Y lo que le pasa al personaje es que tiene atada la lectura con su madre, entonces cuando decide no leer que es cuando vuelve de la escuela y encuentra que sucedió la tragedia, de alguna manera culpabiliza a la lectura por eso. Hasta que cuando es grande se da cuenta de que no se puede no leer, en el sentido de que todo es lectura. Eso le permite encontrarse con que él puede generar una tradición de lectura propia, más allá de esa lectura que hizo de la tragedia.

Esta historia a mí me pareció muy bella pero a la vez es muy triste, desde el principio nos damos cuenta o intuimos que el final no es muy feliz, ¿cómo lograste construir esta historia de relación tan luminosa dentro de tanta oscuridad?

La empecé a escribir y en medio de la sorpresa empecé a ver qué era lo que estaba escribiendo y ver qué necesitaba y una de las cosas claramente que s eme imponía era que yo quería contar una historia social y política que evitara cualquier mención directa a lo social y a lo político. Para poder hacer eso yo tenía que generar un ambiente pequeño donde dos personajes estuvieran muy juntos y contaran aquello de afuera sin decirlo, sin mencionarlo. Para eso necesitaba que hubiera signos de época muy pasibles de ser leídos en términos de lo social y construir una trama como de velo que todo el tiempo estuvieran hablando de eso sin mencionarlo. Tenía que ser muy cuidadoso de que nunca se colara una asociación muy directa pero a la vez todo refiriera a lo que estaba sucediendo fuera de esa casa.

¿Y para esto te ayudó la voz, que el narrador fuera un niño, un niño que no percibe tan claramente lo que ocurre?

Claro, ahí hay una conciencia que si bien profundamente uno puede decir que sabe que algo está pasando, conoce muy fidedignamente que hay peligro, no tiene elementos para leer esa escena. Entonces si, necesitaba construir esa voz con mucho cuidado. Es un niño muy particular. Te diría que ahí hay como una trampa, porque el que habla es un adulto con una memoria muy pregnante, muy pegado a la tragedia que le pasó. Con la percepción de un niño particular, porque es un niño que está muy solo, está muy solo de padre y también está solo de mamá. Le única presencia poderosa y es la de Elvira. Por supuesto que la madre está pero la presencia que conecta más con las demandas de la vida es Elvira, la vecina.

Saliendo del libro, a partir del gran éxito de ventas de La muerte el padre de Knausgard y También esto pasará de Busquets, escuché a algunos críticos plantear a “la muerte de un progenitor” (ya sea ficción o autobiografía) como un nuevo género literario, ¿te parece que puede ser así o es una exageración?

No lo había escuchado pero me parece que si, no lo veo tan descabellado, no sé si un género pero es una experiencia muy fundamental en la vida de una persona, es una experiencia que para la consciencia es el encuentro con algo realmente fundamental en lo humano. No creo que sea un género, pero así como el descubrimiento del amor y del sexo, no me extraña que muchos escritores aborden la pérdida de uno de los padres o de los padres en una de sus novelas y eso funcione.

¿Qué es Carne Argentina?

Carne Argentina empezó siendo una editorial independiente muy chiquita, un proyecto que duró poco, un par de años. Yo no era parte de ese proyecto, pero si amigo de la gente que lo hacía. Siempre rondaba la idea de hacer un ciclo de lecturas para promocionar los libros de la editorial. La editorial dejó de existir y el ciclo, que empezó antes de que ésta desapareciera, en el 2006 hace ya diez años, tuvo éxito enseguida, empezó a ser un ciclo muy visitado. En ese momento era un ciclo mensual y nos interesaba mucho mezclar poesía y narrativa. Es un ciclo que no cuenta con ningún tipo de subsidio, y en un momento a los tres que lo organizamos, que somos Alejandra Zina, Selva Almada y yo, se nos hacía muy cuesta arriba mantenerlo. Había dos opciones: o lo dejábamos de hacer o le encontrábamos una forma posible y esa forma fue hacerlo cada dos meses. Y entonces así siguió funcionando y sigue funcionando hasta el día de hoy. Es un ciclo que nos gusta mucho hacer, al que va mucha gente, que funciona mucho. Ya pasaron más de trescientos escritores. Es un ciclo que, de alguna manera, se ha consolidado mucho en la escena porteña.

Escritor, gestor cultural, y ¿actor?

Si, soy actor. Actuar me gusta mucho, es de las cosas que más me gustan. Tengo una carrera de actor muy espasmódica, voy y vengo.

¿Cómo llegaste a la actuación? ¿Cuándo? ¿De chico también?

Si, de chico. Siempre me interesó, siempre quise actuar. Creo que fue la primera vocación que tuve. A los diez años hice algo de Juegos Teatrales con Roberto Vega, una persona muy importante en el teatro infantil, un pedagogo del teatro infantil en Latinoamérica y me acuerdo mucho de eso porque es algo que realmente disfrutaba. Siempre estuve de alguna manera, más cercana, más lejana, vinculado al teatro.

¿Podemos verte en alguna obra actualmente?

En este momento no, pero en junio reponemos una obra que hicimos el año pasado con un elenco grande, una obra de un dramaturgo joven Gael Policano Rossi, dirigida por Maruja Bustamante, una directora muy interesante, que es un homenaje al policial inglés, al policial de Agatha Christie y está muy bien, muy divertido.

¿Quiénes son o han sido tus referentes culturales

No sé bien qué decirte. Te puedo decir gente que fue muy importante a lo largo de mi formación. Alfonsina Storni, en un momento de mi adolescencia me gustaba mucho Goyeneche y otros cantores de tango y pensaba que había ahí algo que yo podía aprender. En un momento de mi adolescencia también Jean Genet, Marechal, Paul Eluard, y después tuve como íconos más bastardos. En un momento, y es alguien que de alguna manera me marcó, me gustaba mucho Garneau, un intelectual francés que hacía música. Y Passolini. Passolini me parece una figura fundamental de la cultura del siglo XX. Un tipo que desplegaba pensamiento. Si bien yo no soy ni un estudioso ni un intelectual, le reconozco, le veo a Passolini cosas que no encuentro demasiado, que es la posibilidad de pensar en el lugar del cuestionamiento permanente. Un comunista católico, un tipo que podía pensar en esos términos, con profundas identificaciones, cosa que para mí es un misterio, cómo se hace para pensar si uno está tomado por fascinaciones.

¿Tenemos alguna novela o algún libro de poemas en puerta?

Estoy trabajando en un libro de poemas que hace mucho que estoy postergando y estoy escribiendo un novela nueva, que ya tendría que haber terminado, que se llama “Sonntag Buenos Aires”, sonntag con doble n que quiere decir domingo en alemán. Y es una historia de amor bien distinta a la muchacha.

¿Y también te asaltó?

No, fue un proceso bien distinto, bastante más lento y al que medio me tuve que obligar. Más arduo, más incierto. La muchacha apareció y yo lo único que sabía era que la tenía que hacer, no podía siquiera dudar de eso. Podía ser una porquería pero yo igual lo tenía que hacer. Este proyecto es bien distinto, me obligué a empezar a escribir y a abordar. Y el proceso de escritura también es bien distinto, son tiempos más largos.

Para cerrar, ¿nos dejas un autor o un libro que ames?

La poesía de Cavafis. No me acuerdo de un libro en particular, porque creo que todo lo que leí de él fueron recopilaciones y antologías. Y poesía de Passolini.



Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad