Salvadora Medina Onrubia, una mujer de nuestro tiempo

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Feminista, anarquista, escritora y revolucionaria, la obra y la figura de Salvadora Medina Onrubia es rescatada a través de diferentes ramas del arte.

“A pesar de ser mujer, me permito el lujo de tener ideas ¿sabe? Yo tengo ideas boxeadoras. Ideas que se dan directos y crosses y swings con la vida” dice Salvadora Medina Onrubia en un fragmento de Las descentradas, su obra de teatro escrita en 1929. Si no fuera una ficción y estas palabras estuvieran en boca de una de las protagonistas, podríamos tomarlas por una definición de si misma por parte de la autora. Periodista y escritora, anarcofeminista, usaba las palabras como armas para enfrentar a los poderosos y los estereotipos de la época con los que no coincidía.

Si nos atenemos a los datos meramente biográficos podríamos decir que Salvadora Medina Onrubia nació el 23 de marzo de 1895 en La Plata, pero pasó su infancia y adolescencia en Gualeguay. Que fue maestra rural y madre soltera -por elección- a los 17 años. Que a fines de 1913 emprendió, con su hijo en brazos, el camino que la llevaría a Buenos Aires, donde apenas llegada se uniría como redactora al diario anarquista La Protesta y continuaría escribiendo teatro, poesía y narrativa. Que en 1914, con 19 años, conoció y se unió sentimentalmente - en una unión libre, desaprobada en la época- con Natalio Botana, director del diario Crítica, con quien tuvo tres hijos y se casó en 1919. Que fue detenida en 1931 por el gobierno de Uriburu, se exilió en España y dirigió el diario Crítica de 1946 a 1951. Si nos quedamos sólo en lo que dicen los documentos, podemos decir que Medina Onrubia murió el 21 de julio de 1972.

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"Las descentradas" obra de teatro de Salvadora Medina Onrubia

Pero estos datos fríos no alcanzan para describir y conocer a Salvadora, una mujer llena de claroscuros, que fue, y sigue siendo a pesar de los años, acusada de vivir una vida plagada de contradicciones. Conocida como acompañante en biografías ajenas (esposa de Botana, abuela de Copi, amiga de Alfonsina Storni) Salvadora Medina Onrubia fue una autora destacada, revolucionaria y vanguardista que sacudió estructuras literarias y sociales.

En el 2020 se cumplen 125 años de su nacimiento, pero en los últimos años, casualmente o porque su voz se ha vuelto necesaria, su imagen está siendo recuperada a través de distintos registros y espacios. Dos de los más recientes y que con mayor profundidad han ahondado en su vida y su pensamiento son la obra de teatro El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón escrita por Andrea Ojeda, María Victoria Felipini y Gilda Sosa y la biografía ¡Arrojen las bombas! de Vanina Escales (Marea Editorial/2019).

Aquellas vivencias que se contraponen en la vida de la escritora, generando contradicciones entre cotidianeidad y pensamiento, son la espina dorsal de El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón la que luego de dos temporadas en Buenos Aires y una gira por algunas de las provincias del norte argentino volverá a presentarse en lo que queda del año en distintos eventos que tiene como bandera la lucha por los derechos de las mujeres. “La idea de la obra surge del deseo de conectar con voces de mujeres que no conocíamos -nos cuenta Ojeda, quien también dirige la puesta-. En esa búsqueda nos topamos con la vida de Salvadora y nos movilizaron sus contradicciones, su personalidad llena de matices, sus fondos y trasfondos”. Y así como su vida es retomada en esta obra, sus propios textos han sido revisitados en los últimos años tanto por artistas como por estudiosos de la literatura, poniendo especial énfasis en “Las descentradas”, llevada a los escenarios infinidad de veces y en innumerables versiones como así también analizada en sus implicancias literarias y sociales. Y no es para menos, en estas épocas donde la lucha de las mujeres por sus derechos ha tomado las calles, traer a colación a una mujer que luchó por ellos a principios del siglo pasado y cuya obra muestra la realidad de sus pares y permite reflexionar sobre los vínculos entre la militancia feminista, la lucha por los derechos y las contradicciones de las convenciones sociales, es una manera de unir lazos intergeneracionales.

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Andrea Ojeda, María Victoria Felipini y Gilda Sosa, autoras, directora y protagonistas de "El caso de la mujer que no quiso ser un jarrón" obra basada en la vida y la obra de Salvadora Medina Onrubia

En “Las descentradas” -y en toda su obra literaria- Medina Onrubia ofrece una imagen de mujer alejada del paradigma femenino aceptado social y culturalmente a principios del siglo pasado. Busca desarrollar un modelo alternativo tanto al de mujer objeto como a las sufragistas, a quienes consideraba -como anarquista que era- pertenecientes a la clase burguesa y que buscaban parecerse a los hombres. Salvadora defendía -a través de sus personajes- la idea de que la mujer debía ganarse sus derechos a fuerza de talento y no luchar con los hombres por ellos. A través de la creación de una galería de protagonistas femeninas mostraba los diferentes modelos de mujer posible, alejándose de los estereotipos que poblaban la literatura con los que no estaba de acuerdo.

Hoy, a la vista de nuevos paradigmas, la obra de Salvadora Medina Onrubia se vuelve legible y contemporánea. Una artista de vanguardia que en su tiempo no fue plenamente reconocida como la autora observadora y reveladora de una realidad que iba contra los derechos de las mujeres que fue, y cuyo personaje fundamental y más representativo fue ella misma. Ser la primera autora argentina en escribir teatro anarquista y hablar de abortos y prostitutas sin juzgarlos no fue fácil, pero fue el camino que recorrió entre 1910 y 1930, unos pocos años después de que su hijo mayor se pegara un tiro y la vida de Salvadora se convirtiera en un deambular doloroso, encontrando sólo consuelo en el escape por medio de la morfina y el éter a los que se volvió adicta.

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Salvadora Medina Onrubia y Natalio Botana junto a uno de sus hijos

Revisitar la obra de Salvadora Medina Onrubia no es una tarea sencilla. El acceso a sus textos es, como mínimo, difícil y engorroso, y se vuelve -salvo en el caso de Las descentradas que puede encontrarse en una edición de Colihue de 2007- una tarea titánica. “Encontrarse con los textos de Salvadora fue muy difícil -nos cuenta Gilda Sosa, co-autora y co-protagonista de El caso de la mujer que no quiso ser un florero-. Comenzamos con una búsqueda por las redes, en la web y después rastreamos biblioteca por biblioteca. Luego buscamos mujeres universitarias que hicieran investigación sobre literatura femenina y ahí pudimos rescatar fragmentos de sus obras”. Y de esta manera, reconstruyendo su historia de a pedazos llevaron adelante una obra que trae a Salvadora a nuestro tiempo para que sea ella quien narre su propia vida a través de la voz y el cuerpo de Victoria Felipini.

La vida de Salvadora transita a la par de numerosos hechos históricos de conformación del país en la primera mitad del siglo XX. Su historia puede seguirse también en paralelo a la de la lucha de las mujeres y del feminismo en Argentina. Y este es el camino que toma Vanina Escales en ¡Arroja la bomba! para hablar de Medina Onrubia, un recorrido histórico en el que es acompañada por otras mujeres que luchaban por los mismos ideales como América Scarfó, Virginia Bolten o Juana Rouco Buela. Escales recorre la vida y la obra de Salvadora, sus dolores y luchas anclando cada detalle en lo que ocurría puertas afuera, en esa Argentina joven aún de la que fue una clara y precisa reportera de época.

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"¡Arroja la bomba!" biografía de Salvadora Medina Onrubia, de Vanina Escales

Salvadora fue pionera en múltiples aspectos de su vida. Periodista, escritora, militante anarquista con voz y voto en el movimiento y en los actos, primera mujer directora de un diario tras la muerte de Natalio Botana, buscó y consiguió ocupar espacios hasta el momento vedados a las mujeres. Sentía su orientación política como parte intrínseca de su realidad y su vida, destacándola en sus discursos y escritos. En su presentación ante el comité anarquista recién llegada a Buenos Aires en el año 1914 decía: “Quiero deciros que si soy anarquista no lo soy por acaso, ni porque al camino me haya empujado nadie. Lo soy, porque llevo la justicia y la verdad en la carne y en el alma, porque he nacido anarquista como se nace genio, como se nace imbécil o como se nace rico”. Y si bien estas ideas fueron su estandarte toda su vida, su casamiento con un hombre poderoso como Botana, su gusto por las joyas, pasear en autos de alta gama y sus fiestas fastuosas la hicieron carne de las críticas frente a una incongruencia entre ideales y acción que la acompañaron por muchos años.

Junto a ese hombre poderoso con el que compartió la vida, Salvadora fue encarcelada en mayo de 1931 tras el golpe militar de Uriburu contra Yrigoyen, golpe que desde Crítica habían apoyado. Sus compañeros de las letras -entre ellos Borges, Arlt y Storni- pidieron la libertad para esa “mujer, madre y poeta”. Lejos de aceptar dicha clemencia -aunque si agradecida a quienes la solicitaron- Salvadora escribe una de las cartas más recordadas de su prolífica correspondencia en la que rechaza cualquier gesto que pudiera provenir del presidente de facto y cierra con una frase que demuestra, una vez más, su carácter: “General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras, y sienta cómo, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio”. Quizás buscando contrariarla, Medina Onrubia y Botana son liberados en agosto bajo la condición de salir del país. Parten el mismo día de la liberación hacia Montevideo donde esperarán a sus hijos para exiliarse en España.

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Salvadora Medina Onrubia

A su regreso y tras recuperar el control del diario, la relación de Medina Onrubia y Botana comenzó a resquebrajarse a toda velocidad. A los reproches mutuos por la muerte del hijo mayor se sumaron las constantes infidelidades del periodista. El cataclismo en que se había convertido el matrimonio llega a la redacción que se separará en dos bandos, con pérdidas tremendas en el bando de Salvadora ya que Botana se cobrará una a una lo que para él era una traición. Ya separados de hecho y con él manteniendo una relación no oficial pero conocida por todos con la española María del Carmen Vernacci los escándalos son cosas de todos los días. El último fue el incendio del departamento de Juncal donde vivía Salvadora mientras ella estaba en Montevideo. Al fuego se sumaron pintadas obscenas sobre la escritora y huevos estrellados contra las paredes, clara alusión a los rumores de los amores de Salvadora con otras mujeres.

En 1941 y en una escala previa a su viaje a México para casarse con María del Carmen, en un accidente de auto muere Natalio Botana. Tras una larga lucha por la sucesión Salvadora se convertirá en 1946 en la primera mujer en dirigir un diario. Un diario que llevó adelante con la misma fuerza y convicción que la guió toda su vida. Una vida que comienza a borrarse tras la pérdida del diario en 1951 debido a las presiones del gobierno peronista. Salvadora Medina Onrubia desaparece de los radares públicos. Vivirá sola con visitas más o menos duraderas en su departamento en Recoleta hasta su muerte, siempre rodeada de sus libros, de sus amigos y de la búsqueda de algo más profundo y trascendente a través de la teosofía y el espiritismo.

Salvadora, intelectual feminista y anarquista, la luchadora por los derechos de las mujeres y del proletariado en su conjunto, aquella que hizo frente al mundo y a los poderosos que osaban enfrentarla por sus ideas a fuerza de palabras murió marginada, desvariando y olvidada.



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Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad