Clubes de lectura: leer en companía

Clubes de lectura: leer en compañía

Cuando leer en soledad no alcanza, nada mejor que juntarse con otros para compartir el placer de la lectura.

Los clubes de libros y lectura han comenzado a recuperar el esplendor que tenían hace años, cuando eran más comunes y habituales, y en los barrios, las bibliotecas y en algunas casas particulares se juntaba un grupo de entusiastas lectores en busca de compartir lo que ese libro elegido había dejado en ellos.

Las nuevas tecnologías han permitido una nueva modalidad de encuentro, la virtual, que logra que aquellos a quienes los tiempos, las obligaciones o la distancia física no les permiten reunirse con otros alrededor de una mesa común puedan darle rienda suelta también a sus ganas de leer y compartir.

Hay clubes para todos los públicos, edades y gustos literarios, pero todos tienen en común las ganas de acercarse a un libro y hacerlo en compañía (real o virtual) para poder intercambiar con otros lectores la experiencia personal y las diferentes opiniones que surgen de un mismo texto en función de lo que cada uno trae como bagaje.

Esta fue la razón principal por la que Agostina Mileo y Celina Lattanzio decidieron armar su “club de lectura feminista”. “El año pasado hice un curso corto sobre Epistemología feminista y trans y me gustó mucho la discusión a partir de la lectura de ciertos textos como punto de partida – nos cuenta Agostina-. Esto se unió a la idea de Celina de armar un grupo de lectura de “Caliban y la bruja” de Silvia Federici. Juntamos las dos ideas y la primera lectura del club fue “Caliban …”. La propuesta es que las lecturas no tienen que ser feministas, que las feministas somos nosotras, las lectoras. Puede haber una lectura en la que ni aparezcan mujeres, y por ahí se trabaja sobre la ausencia, es un poco cómo se habla de las mujeres o de los cuerpos feminizados en una obra literaria dada”.

Algo similar nos cuenta Patricia Bustelo del “Club de lectura” de Villa Devoto (Buenos Aires): “el club de lectura surge de la necesidad de compartir el placer que tenemos cuando leemos con otros, y para ello se formó ya que la lectura en sí misma es un acto privado y reflexivo que normalmente no incluye un debate con otros” y aclara “como bien dice la palabra, es club y no taller. Los asistentes acuden por el placer de la lectura, no por su conocimiento, ni por haber estudiado literatura. No necesitan ser eruditos, solamente decir lo que les pasó al leer la obra y si les gustó o no, poder enriquecernos con la mirada del otro de un texto que hemos leído en un sentido y que puede tener otras interpretaciones.”

Y como si no alcanzara con juntarse y conversar sobre el último libro leído con aquellos que tenemos más o menos cerca, Estefanía Sol Gil Carabajal y Yanina Gomez Szyszko decidieron armar el club “Primeras Damas”, en el cual se juntan en forma mensual a leer el mismo libro en distintas ciudades del planeta: Buenos Aires (Argentina), Copenhague (Dinamarca), Varsovia (Polonia), Firmat (Santa Fe, Argentina) y Barcelona (España), son los puntos elegidos del mapa. “El objetivo de este club es recorrer la literatura universal, enriquecer la experiencia de lectura al abrirla al debate y compartir nuestras opiniones y perspectivas individuales”, nos cuenta Yanina.

Algunos de los clubes que han surgido últimamente aprovechan las nuevas tecnologías para compartir lecturas y opiniones con otros lectores que están lejos. Por ejemplo el “Club de Lectura Guadalajara” (México) se inició en la red social Facebook, aunque posteriormente pasó a ser presencial. “La idea de tener un club de lectura, surge a raíz de esa necesidad que todos los lectores tenemos de compartir aquellas emociones que las buenas historias provocan, y que se quedan en el corazón. Y en aquel momento en Facebook no había un grupo de lectura activo como tal, en el cual se le diera seguimiento a las lecturas que se recomendaban” recuerda Cristopher Martínez, uno de los coordinadores del club.

El que comenzó y se mantiene on-line es el “Club de Lectura” coordinado por Daniela Chueke en la revista argentina Ohlalá. “En 2013 -nos cuenta Daniela- hice un curso de periodismo cultural y ahí empiezo a sistematizar mis lecturas, dejo de ser una lectora solitaria que elige sus lecturas al túntun para empezar a leer con un grupo y con una finalidad. Me doy cuenta de que la experiencia es muy distinta, mucho más enriquecedora y más potente que leer en solitario. Toda la efervescencia que se da en un grupo de gente que lee es imparable, te abre a universos que no tienen límite”. La idea de armar un club de lectura en la revista surge de esta experiencia, Daniela le presentó la idea a su editora y esta le dio el visto buena para hacer la prueba. “Lo que llamó mucho la atención fue que en el espacio del foro se congregaron lectores y lectoras realmente interesados en la literatura, algunos con muchísimos conocimientos”, afirma.

Por su parte, Gabriela Arriola, desde Asunción, nos plantea razones similares para iniciar y coordinar un Club de Lectura en el café y centro cultural “El Cooltural” de esa ciudad. “Surge de una necesidad personal de leer un buen libro y comentarlo con otras personas; siempre quise hacer eso pero no encontraba la manera hasta que se dio una oportunidad en Cooltural. El objetivo es compartir ideas y los distintos puntos de vista que surgen naturalmente de cada persona ya que tenemos visiones distintas, no se da un debate sino una exposición de puntos diferentes”, sostiene.

Clubes de lecctura: leer en compañía

Y así como en estos grupos se unen fundamentalmente adultos para compartir lecturas y saberes, también hay espacios reservados para los chicos. La escritora, docente y editora Julieta Mariatti coordina un Club de lectura infantil donde se realizan actividades que invitan a los chicos a leer. “El proyecto surge de esta "mezcla" de pasiones, escribir, editar y enseñar y es en parte la necesidad de poder, desde mi aprendizaje, acercar a los niños un poco más a los libros. Para darles una visión más completa desde no solo el contenido sino el proceso de creación de un libro para que aprendan también a valorarlo”, nos explica Julieta.

A la hora de organizarse para decidir qué libro leer el proceso varía entre la elección de los coordinadores o una votación a partir de una lista que se arma en conjunto de acuerdo a los intereses o las sugerencias de los participantes. Luego de la lectura y el análisis personal, el siguiente encuentro suele iniciarse con una guía de presentación del texto y algunos disparadores que dan inicio a la charla y el análisis grupal. En estas dinámicas pueden surgir algunas dificultades en el grupo “Primeras Damas”, ya que es indispensable que el libro seleccionado esté disponible en español, inglés y polaco.

En el caso del grupo coordinado por Mariatti, las actividades, por supuesto, están adaptadas a las edades de los participantes. “A los chicos les divierte mucho el poder explorar, tirarse en el piso y leer cómodamente, reírse entre ellos de lo que encuentran, comentar. Siempre se busca una lectura disparadora para hacer una actividad grupal y luego siempre hay una puesta en común. Trabajamos con poesía, susurradores, haciendo señaladores, lluvia de poesías, etcétera. Los chicos se llevan libros en préstamo y los traen el próximo encuentro para hacer una puesta en común”.

Todos los entrevistados coinciden en la importancia de la lectura, de abrir nuevos espacios y de generar corrientes de lectura comprensiva que ayuden a entender el mundo en el que vivimos. “El valor de la reflexión da un espacio y abre otra dimensión al debate actual. El club de lectura nos da nuevos espacios para desarrollarnos, nos obliga a parar y a pensar, a encontrarnos con nosotros mismos, con otros, entender, poder razonar”, sostiene Patricia Bustelo.

“Creo que un club de lectura es un espacio maravilloso para leer, para adquirir el gusto por la lectura, pero más que eso, para conectarse con el otro. Y eso es lo realmente valioso, el poder intercambiar pensamientos, emociones, aprender, conversar. Creo que la posibilidad de estar en contacto con otros, aunque sea en un espacio digital, es lo que estamos necesitando como sociedad. La lectura es la excusa. Y bienvenida”, cierra Daniela Chueke.



Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad