América Alucinada - Betina González

Inspirada en noticias encontradas en la prensa, Betina González construye una historia atrapante donde los lazos sociales se rompen en busca de una utopía.
América Alucinada



La sociedad ha cambiado. Los jóvenes desaparecen de un día para otro sin dejar rastros. Abandonan sus casas, sus trabajos, sus estudios. Y a sus hijos. Por lo poco que se ha podido averiguar han decidido abandonar todo tipo de obligación que los una a la sociedad capitalista, buscando un nuevo comienzo en la naturaleza. Una naturaleza que también ha cambiado, ha dejado de ser amigable y algunos de sus animales, los ciervos especialmente, han comenzado a actuar en forma violenta, acercándose demasiado a los habitantes del pueblo, mucho más de lo que lo habían hecho hasta ahora, atacándolos, aparentemente, sin ninguna razón.

Y en este mundo que se ha vuelto extraño, las relaciones personales también han cambiado. Los que han quedado se vuelven solidarios al extremo. O denuncian a los niños abandonados para que servicios sociales se ocupen de ellos, no vaya a ocurrir que esos vecinos que en una época eran amables y hasta mantenían largas charlas con sus padres deban ocuparse de alguien más que ellos mismos. Y esta ruptura de los lazos solidarios, incluyendo los familiares, es quizás lo que más golpea al lector que puede ver en el día a día estas muestras de desinterés hacia el otro en cualquier gran ciudad en forma cotidiana.

Tres personajes principales llevan adelante la trama, en un principio totalmente desconectados el uno del otro, pero cuyas vidas van relacionándose aunque en algunos casos ni siquiera se vean la cara. Berenice es la menor de este trío. Una niña muy perspicaz que fue abandonada por su madre inesperadamente, una madre que ha intentado salir adelante por distintos medios, hasta que descubre la buena relación que tiene con las plantas y se dedica a ellas, desarrollando productos que ayudan a sus vecinos. Este descubrimiento se da al encontrar entre las pertenencias de su madre unas semillas que, al final de la historia, serán muy importantes para entender algunas de las cosas que han desequilibrado a este pueblo.

El segundo personaje principal de esta historia es Vik, un inmigrante que trabaja en un museo y que, luego de notar algunas cosas extrañas en su casa y de instalar un sistema de seguridad, descubre que hay una mujer viviendo en su armario.

Y, finalmente sólo por enumerarlos caprichosamente en orden de edad de cada personaje, Beryl, anciana, ex hippie, que decide fundar un club de caza para matar a los ciervos, esos que se han dedicado a actuar de forma violenta y desquiciada. El club, que no parece tener demasiado futuro ni buena puntería, está formado por ancianos que nunca han disparado en su vida o que deciden recuperar una escopeta de hace muchos años, que alguna vez funcionó, pero que actualmente está, en el mejor de los casos, oxidada. La búsqueda de la salvación de un pueblo en manos de personas que necesitan ayuda para las cosas más elementales, pero que, aparentemente, son las únicas dispuestas a hacer algo.

La autora plantea una trama donde se destacan las utopías colectivas que no piensan en nada ni en nadie a la hora de intentar cumplirlas, rompiendo los lazos sociales y creando una atmósfera decadente, de depresión de un pueblo que no encuentra la salida a las nefastas consecuencias que se han generado en él luego de la partida de los más jóvenes.

Betina González vivió más de diez años en Estados Unidos, donde cursó estudios en Escritura Creativa, y el uso del inglés en la vida cotidiana se transluce en la estructura narrativa. Durante la lectura, muchas veces pensé que era una obra escrita originalmente en inglés y traducida al castellano. Basándose en noticias extraídas de la prensa internacional, González construye una historia atrapante, que hunde al lector en una sensación de fin de mundo, o al menos de fin del mundo que conocemos y en el que vivimos hoy, generando sensaciones de angustia. “América alucinada” es una novela que no permite abandonarla, y la cual, en los momentos en los que no tenemos otra opción que dejarla por un rato, no deja de rondarnos en la mente. Más que recomendable.



Soledad Hessel.Editora/Redactora de trenINSOMNE. Periodista. Siempre supo que las palabras eran lo suyo. Escribe y lee desde que recuerda y tiene una pasión por los libros como objetos de culto. Columnista de literatura y cultura en medios gráficos y radiales. Fue corresponsal del diario La voz de Santa Cruz y de la Revista En acción de La Plata en la Ciudad de Córdoba. Además, fue miembro del Comité de Redacción y Editora del Boletín de Divulgación Científica de la Universidad Nacional de Córdoba. Notas de Soledad