Las influencias tardías y Oulipo

Las influencias tardías y Oulipo

Nunca había escuchado nada sobre el grupo Oulipo ni Georges Perec. Y escribiendo mi primer (y espero no último) libro, Ferrocarriles franceses, como si de un velcro me tratara, acudieron de golpe e intensamente las afinidades literarias que necesitaba… antes.

Paradójicamente, influencias que pareciera que estaban esperando a que terminara de escribir para develarse.

Calmado, cuando ya estaba limpiando la mesa, apilando vasos para lavar y barriendo las migas de mi modestísima fiesta, ocurrió. Llegaron estos fantasmas. Paulo Leminski, Efraín Huertas, Millôr Fernandes, Kurt Vonnegut... Georges Perec fue el que hizo más ruido, e hizo que Ramón Gómez de la Serna y Nicanor Parra, que ya andaban pululando hace rato en las escaleras, subieran al departamento a rumbear con bríos renovados. Apenas este servidor reprochóles su aparición tardía (solo musité medio resaqueado y entre dientes un "¿no deberían haber llegado antes, cabrones?" que por suerte no los amilanó) respondieron con su habitual irreverencia.

"No llegamos antes porque no queremos hacernos cargo de limpiar nada que no hayamos roto", dijo a coro el quinteto inicial, y un jazz demente y escaleno zigzagueaba el aire. Hubiera alborotado a los vecinos. Pero solo si los tuviera. Sobre este fenómeno, el de encontrar afinidades cuando uno ya vendió el pescado, un oulipiano (de los autores mencionados más arriba el que perteneció a Oulipo fue Perec) hablaría de "plagiarios por anticipación". Yo no podría hacerlo. No por modesto sino por realista.

Gracias a ellos me pude divertir con la literatura, y alejarme del camino solemne por el que transité mis lecturas e interpretaciones de mis veinte años. Con treinta precisaba volver a jugar, asombrarme y dejar de tomarme en serio, porque la gente que se toma demasiado en serio es más ridícula que los bufones a los que señala (¿con celos?).

Hablemos de juegos entonces.

Todo me retrotrae a un evento del Filba, una noche de Montevideo, cerca de la rambla en el Parque Rodó. En el museo nacional de artes visuales, fui a escuchar una charla que daban unos franceses."¿Vamos a la charla que dan los de Oulipo?", dijo un amigo el día anterior. Por supuesto, yo no sabía qué era Oulipo. "Un grupo francés de literatura experimental", me contestó. Sonó interesante. Muy. "Bueno, vamos".

En el auditorio, con traducción simultánea, se presentaron dos integrantes de este grupo: su actual presidente, el escritor Paul Fournel y Valérie Beaudouin, que lo integra desde 2003. Ambos nos contaban de forma muy distendida y simpática sobre los orígenes de Oulipo, sus búsquedas, sus miembros, sus producciones.

El nombre Oulipo es una sigla que significa Ouvroir de Littérature Potentielle, cuya traducción al español es Taller de Literatura Potencial.

Fue fundado en 1960 por el escritor Raymond Queneau y el matemático Francois de Lionnais, ambos franceses; el primero queriendo relativizar al menos el excesivo protagonismo que Bretón y los surrealistas daban al inconsciente y a las musas; el segundo, además escritor, en afán exploratorio de un área donde confluyan métodos formales propios de la matemática, la lógica o el ajedrez con la literatura. Otros célebres integrantes: Italo Calvino y Marcel Duchamp.

¿El resultado? Ya 57 años (inédita longevidad para un grupo artístico o literario) de búsqueda y generación de herramientas o juegos que permitan crear nuevas obras o ser aplicados en obras ya existentes. 57 años también dedicados a la divulgación y abrir nuevos espacios, usinas de reflexión y acción donde se han conocido nuevos talentos e integrado más disciplinas.

¿Dejar el campo libre para que las musas nos visiten?, pareciera la pregunta inicial. La respuesta: no. Se puede crear a partir del obstáculo, de la limitación formal, ya que nos obliga a ser creativos para superar el escollo. La propuesta es que se puede comenzar por la forma como punto de partida para el contenido. El obstáculo, en este caso, llamado restricciones (aplicado tanto a obras ya consumadas o para obras nuevas), tales como el lipograma o la permutación.

“Somos ratas que construyen el laberinto del cual se proponen salir", como se autodefinieron en alguna ocasión.

Más allá de los resultados que podrían tener las restricciones, sorprende constatar la multiplicidad de sentidos que se le pueden dar a muchas de las creaciones, donde no sólo queda un resultado disparatado, análogo a métodos surrealistas (tales como la escritura automática), sino que también ese juego donde convergen lengua y matemática -y muchas otras disciplinas como el audiovisual y el estudio social- tiende a maravillarnos de maneras insospechadas, cuanto menos activar áreas propias que creíamos dormidas.

La antología Oulipo: ejercicios de literatura potencial de la editorial Caja Negra, es un libro sumamente representativo de este movimiento. Primera publicación de Oulipo en español, es una amplia puerta de entrada a este laberinto creado por los mismos roedores que intentan salir de ellos.



Andrés Olveira.Andrés Olveira busca hacer un poco de todo, porque hacer mucho de una sola cosa le da alergia. Bibliotecólogo, animador a la lectura para niños, compositor, cantante de la banda Ditirambo y del dúo Los Detectives Salvajes (búsquenlos en bandcamp), dibujante ocasional, diseñador de sonido teatral... todas actividades, menos su profesión, a las que se dedica de manera amateur. Para él todo tendría que ser amateur, porque leyó el origen de la palabra y se olvidó de la etimología exacta pero le pareció linda, algo sobre dedicarse a algo con cariño y sin pensar en la plata. Odia la palabra artista y siempre la va a escribir con minúscula, para que no se crea mejor que la palabra talabartero. Ahora quiere hacerle creer a su novia y amigos que es escritor, para de esa manera poder dedicarse al sencillo arte de ver crecer el pasto, meter un descansito, y, quién te dice, tal vez a la venta de tupperwares. Su primer libro se llama “ferrocarriles franceses” y fue editado por Factor 30, una editorial que integra junto a otros amateurs que hacen las cosas por gusto. Notas de Andrés