Sobre Graciela Montes, el lugar donde habitan los cuentos y el “porque sí” como militancia poética

Sobre Graciela Montes, el lugar donde habitan los cuentos y el “porque sí” como militancia poética

“Juguemos en el bosque mientras el lobo no está” quiere decir mucho más de lo que creíamos. Es un acto de militancia poética. Es defender un mundo fantástico de las amenazas constantes del villano de turno: llámese consumo, multinacionales... llene el espacio en blanco como guste.

Involucrándome como Bibliotecólogo y educador en el mundo de la literatura infantil, siendo animador a la lectura para niños de 2 hasta 12 años, he dado con uno de los más grandes exponentes creativos y teóricos que ha dado este campo, tan subestimado por los que actúan como si la literatura fuera en mayúscula para adultos y en minúscula para los niños. Esa autora es Graciela Montes.

“La frontera indómita: en torno a la construcción y defensa del espacio poético”, está compuesta de textos que nos invitan a reflexionar sobre la relación entre realidad y fantasía, la creación y la promoción de experiencias propias a partir de la literatura y el arte todo.

En uno de los textos aventura un posible sentido del lobo: la muerte.

¿Y qué es la Frontera Indómita?

Entre el adentro y el afuera se encuentra un territorio intermedio, ese bosque donde jugamos mientras el lobo no está, ese rayo de luz que nos atraviesa en soledad antes de que anochezca. Ese lugar es lo que Montes ha dado en llamar Frontera Indómita. Ese territorio en el que entran en diálogo la subjetividad (uno) y el afuera (el mundo) es donde viven el arte, la literatura y los cuentos, es un lugar que precisa un equilibrio para poder ser; un equilibrio que hay que cuidar propiciando el ensanche de sus límites desde el “porque sí”.

Es ese territorio el que siento identificado con mi vida y el que busco ensanchar y compartir: es un prisma que cataliza ese rayo de luz, atravesando a quien lo permita antes de que llegue la oscuridad, es lo que hace que nuestro paso no sea solo nacer, reproducirse y morir, es lo que le da nuevos sentidos al mundo. Es lo que logra que nos apropiemos de las experiencias, de nuestro caminar por la tierra.

Cada vez que pienso lo importante de ese lugar (que ahora tiene un nombre para mí gracias a Montes), vienen a mi mente las caras de los interlocutores cuando salgo con un tema inesperado o cuando ven mi libreta, cada vez que trato en las charlas sobre el clima (o el fútbol o la tele) colar algún bocado, algo que se escape por un momento al tema de moda, que tiene el mismo estribillo que el de los últimos diez años, casi todos objetivando a la mujer o sobrevolando la realidad con brillantina pegajosa, vulgar y funcional al poder que nos oprime, al que somos funcionales mientras ignorantes. También vienen a mi mente esos momentos mágicos donde existe una comunicación real, donde otra persona aporta su interpretación sobre las cosas, como dice Arnaldo Antunes en su poema “As coisas”:

As coisas têm peso, massa, volume, tamanho, tempo, forma, cor, posição, textura, du-ração, densidade, cheiro, valor, consistência, pro-fundi-dade, contorno, temperatura, função, aparência, preço, des-tino, idade, sentido. As coisas não têm paz.

La literatura es solo una rama en la que se manifiesta el arte, cuyos productos son apropiaciones sensibles del ser humano que permiten a los espectadores dialogar con las obras. Porque parte de la Frontera Indómita es no poner reglas, asumir que cada interpretación es correcta porque cada subjetividad es distinta.

La educación muchas veces le pide “resultados” a lo que debería habitar libremente la Frontera Indómita, respuestas correctas frente a lo que un indefenso espectador acaba de disfrutar a su manera personal. ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta los adultos que estas emboscadas alejan a cualquiera, y más a los niños, de cualquier construcción artística?

Debe ser que nos cuesta mucho asumir la palabra “rebeldía” dentro de nuestro vocabulario. Será nuestra glándula “civilizadora” que tiende a institucionalizarlo todo, no lo sé. Lo que sí sé es que si permitimos que los “utilitaristas” pinten todo de un color solo, la Frontera Indómita de la que habla Montes va a quedar sofocada primero, y a desaparecer después. Leer o jugar en ese territorio no aumenta el PBI y permite que quienes corren por esos campos vean al mundo desde una mirada sensible pero ante todo crítica.

¿Será por eso que nos quieren achicar la Frontera?


Ilustración: Andrés Olveira, inspirado en el corto "Los libros voladores del señor Morris Lessmore"



Andrés Olveira.Andrés Olveira busca hacer un poco de todo, porque hacer mucho de una sola cosa le da alergia. Bibliotecólogo, animador a la lectura para niños, compositor, cantante de la banda Ditirambo y del dúo Los Detectives Salvajes (búsquenlos en bandcamp), dibujante ocasional, diseñador de sonido teatral... todas actividades, menos su profesión, a las que se dedica de manera amateur. Para él todo tendría que ser amateur, porque leyó el origen de la palabra y se olvidó de la etimología exacta pero le pareció linda, algo sobre dedicarse a algo con cariño y sin pensar en la plata. Odia la palabra artista y siempre la va a escribir con minúscula, para que no se crea mejor que la palabra talabartero. Ahora quiere hacerle creer a su novia y amigos que es escritor, para de esa manera poder dedicarse al sencillo arte de ver crecer el pasto, meter un descansito, y, quién te dice, tal vez a la venta de tupperwares. Su primer libro se llama “ferrocarriles franceses” y fue editado por Factor 30, una editorial que integra junto a otros amateurs que hacen las cosas por gusto. Notas de Andrés