Lucas R. Gelfo. La ciencia de escribir.

Lucas R. Gelfo

“Escribo para conocerme a mí, para entender algo", sostiene Lucas R. Gelfo en esta charla profunda con Paola Soto.

El escritor guatemalteco Eduardo Halfon dijo una vez: “Soy muy ingeniero. Soy ingeniero antes de estudiar ingeniería”. Lucas R. Gelfo asiente al escuchar esta frase y sonríe, porque también podría firmarla con su nombre.

Gelfo es ingeniero en Sistema, pero antes del título también fue un chico de 15 o 16 años que comenzó a escribir para sí mismo y que dejó de hacerlo hasta tener 21 o 22, pero al volver, no paró más.

El 25 de febrero presentó su primer libro de cuentos llamado A vos también te pasa, bajo el sello de Peces de ciudad ediciones. Una obra compuesta por 11 relatos que buscan exponer situaciones cotidianas, de las que casi nadie habla pero en la que muchos pueden identificarse.

“Escribo para conocerme a mí, para entender algo. No sé qué, pero algo”, dice Lucas, y se reconoce visual. La raíz de sus cuentos viene de una situación particular, de viajes mentales a ideas pasadas. Es la búsqueda sin descanso de lo desconocido, de una imagen que lo ilumine todo y se vuelva la ciencia de escribir.

En algún momento paseó firmemente por la poesía, hasta que encontró la libertad del cuento a sus anchas y el espacio que le permite divagar. “Si estoy escribiendo un poema y no lo puedo resolver, lo voy armando y no me convence, me voy al cuento”.

Y mientras lo dice, hace imágenes con las manos como si estuviera armando un cubo, pedazo a pedazo. Así va conjugando letras y estructuras. Cree en el equilibrio de ambos hemisferios del cerebro.

Tiene tres lunares en el rostro como recorrido de alfil hacia el lado derecho, un tatuaje de grulla en el brazo, un blog llamado El margen al margen y siente culpa cuando no escribe. “Trato de obligarme para quitarme la culpa de no estar escribiendo. A veces tengo ganas de escribir pero no sé qué, entonces leo, busco lo viejo. Trato de forzarme”. Y termina puliendo las cosas mínimas. Al leer sus cuentos se activan los sentidos y es posible imaginar detalles que subconscientemente dan más vida a las imágenes.

Lucas está en sus cuentos pero no dice cómo ni cuándo ni por qué, en algunos puede ser protagonista, en otros es sólo el que cuenta, o un amigo o nadie, pero ese juego de la voz del narrador, es el favorito. Después de leer su libro es inevitable querer saber si le dañaron la luna y confiesa que sí y que las ciudades también, que tampoco le devolvieron el gato pero que tiene uno propio que se llama Abelardo y vive en Temperley. Con todo eso alimenta la fusión de su vida y lo que va creando.

Es fan del efecto sorpresa, de la curva inesperada, porque de alguna manera sus cuentos se vuelven así un camino a ciegas pero no a solas. No se sabe por dónde va el que habla, ni por dónde saldrá, ni que parte del lector se ira con él, pero Gelfo sí lo sabe, porque disfruta el mini poder que le da la redacción del texto. “Es muy difícil hacerlo fácil”, comenta al referirse a la narración de los detalles, a mantener el espíritu simple al escribir. “Porque el cuento ya está escrito, uno sólo lo reescribe”, y ahí se juega el cómo, no tanto el qué.

En los agradecimientos de su libro, destaca a Javier, su hermano, por la perseverancia, por contagiarle el hábito de la lectura. Desde allí, con ese despertar lector, recuerda y recomienda a Abelardo Castillo y su libro Las otras puertas. Además del cuento La autopista del sur de Julio Cortázar.

Lucas Roberto Gelfo, Lomas de Zamora, 1984. Un hombre que camina por la calle mirando atento, viviendo atento. Que juega fútbol todos los lunes a las 8:00pm con sus amigos, que prefiere la cerveza negra, que conoció La India y que no puede ver igual a Nueva York. Escritor que se busca, que no viene de familia de letras, sino de números y ciencia, pero que sabe que también puede comprobar cosas al escribir.